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Transcribo una nota que encontré sincrónicamente, a lo que fueron nuestras últimas sesiones del Seminario del Grafo, con Norberto Ravinovich, en un libro que encontré casualmente, de un autor del que alguien me habló.

Lilienne Electorat

El Misterio de la poesía

Asombra la capacidad del ser humano para convertir en arte todo lo que toca. También todo lo que habla. No sólo lo que habla el sujeto, sino, además, el universo que habla a través suyo. Cuando esto ocurre estamos frente al arte de la palabra que llamamos poesía. ¿Pero, es posible saber porqué ciertas construcciones verbales son poesía y otras no? Desde la antigüedad las respuestas de todo tipo abundan. En tiempos más o menos recientes podemos ir desde la conocida rima de Gustavo Adolfo Bécquer, que ante la pregunta de la amada contesta: “Poesía eres tú”, hasta la compleja teoría de Roman Jakobson, una de las preferidas de los profesores de literatura.

Jakobson piensa que en toda configuración hecha con palabras, sea literaria o no, existe una “función poética”. Se trata de la “reiteración regular de unidades equivalentes”, como la aliteración, el ritmo, la rima, el paralelismo, la enumeración y otros procedimientos análogos. Mediante esta función, el hablante busca producir algún tipo de efecto en la persona que escucha o lee.  La “función poética” puede encarnar en los más variados discursos, desde aquellos que normalmente llamamos poemas (en verso clásico o en verso libre), hasta aquellos que no tienen una finalidad estética, como refranes,  chistes, adivinanzas,  o conjuros. También aparece en la conversación diaria o en la propaganda política. Por ejemplo, todos conocemos esta consigna electoral: “se siente, se siente, Pérez presidente”. La repetición y la rima interna serían una manifestación de la función poética.

En  muchos avisos comerciales es frecuente el uso de formulaciones como la siguiente: “Se venden radios,  televisores, licuadoras, jugueras, lavadoras, secadoras”. En este caso, la “función poética”, estaría presente bajo la forma de la enumeración y de la rima interior. Es notorio, sin embargo, que aquí también la poesía brilla por su ausencia. Aunque suene paradojal, es palmario que dicha función no conduce necesariamente hacia la poesía. Esto lo sabe muy bien Jakobson cuando dice “Cualquier tentativa de confinar la poesía a la función poética, sería una simplificación tremendamente engañosa”. Si es así, ¿por qué entonces llamar poética a una función que no practica lo que predica? Cierto, los mecanismos a los que alude Jakobson, son un factor perceptible, en un mayor o menor grado, en el complejo entramado del poema. El problema es que esa función también es preponderante en la mala poesía.  Por lo tanto resulta evidente que cuando un poema alcanza la categoría de obra de arte, no es gracias a la función poética de Jakobson, sino a algo imponderable que la trasciende. Todo parece indicar que la poesía o lo poético, tienen un origen que hasta ahora ninguna teoría ha sido capaz de explicar.

He mencionado antes la enumeración que aparece en un simple aviso comercial. Pues bien, hay poemas en los que se emplean el mismo recurso y que sin embargo consiguen ingresar en un orden estético superior.  Pienso, por ejemplo, en “Alturas de Macchu Pichu” de Neruda, en “Piedra del sol”  de Octavio Paz  o en el “Cántico espiritual” de San Juan de la Cruz. He aquí unos versos del místico español: “Mi amado, las montañas,/ los valles solitarios, nemorosos, / las ínsulas extrañas, / los ríos sonorosos, / el silbo de los aires amorosos. / La noche sosegada, / en par de los levantes de la aurora, /la música callada, la soledad sonora, / la cena que recrea y enamora.” ¿Qué dice San Juan de la Cruz de los elementos enumerados? ¿Qué dice de esas montañas, valles, ínsulas, ríos, aires?  Muy poco prácticamente nada, y, sin embargo, más allá de ritmo, más allá de las  rimas y de las aliteraciones, lo dice todo, de una manera enigmática e indescifrable, con palabras y sin palabras. Porque “la música callada” es el poema mismo.  El poeta trabaja con el lenguaje, pero también con el silencio.  No con un silencio ajeno e independiente de las palabras, sino con un silencio que no puede existir sin esa “soledad sonora” que es el soporte fónico de cualquier poema. El “Cántico espiritual” es a la vez un cántico material; tiene cuerpo pero también tiene alma. El cuerpo es el lenguaje; en cuanto al alma, he ahí el misterio.

Oscar Hahn

“Pequeña biblioteca nocturna, notas literarias”

Ed. Fondo de cultura económica, Chile, 2013.

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Un pensamiento en “Soledad sonora

  1. voy a revisar, después de leer este buen texto, dentro de nuestro contexto, si acaso Jakobson, decía que la poesía no puede confinarse a la función poética. Me recuerdo bien de lo opuesto, que la función poética no puede confinarse a la poesía, de esto habla Hahn y antes Jakobson. Prefiero dejar esto a la reflexión, en suspenso antes que verificar la letra del lingüista-

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