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la noche del oráculo

Así es, a mi me resulta fácil hablar, incluso que se cuele algo del orden un decir.

¿Y escribir? Para nada. Las letras fluyen una al lado de la otra sin dificultades,  en un medio decir que muerde, que pega su sablazo a la intención y que incluso puede transmitir ¿Y si no sale, si no se da a leer? ¿Es escritura? ¿Hay una verdadera barradura? Creo que no.

Inicio con esta especie de declaración y en este espacio (que es un espacio dentro de un espacio), una serie que hace serie con lo que nunca se pone en serie. Lo quiero hacer en serio, con una seriedad sin el ceño fruncido, con la pasión de quién escribe para darse a leer y de esta forma ser un verdadero lector   ¿Ser?   Bah.

¿No nos dedicamos a esto? A que se produzca una escritura. No necesariamente de esta forma pero una escritura. Sólo escribiendo se puede leer y sólo leyendo se puede escribir.

Esta es mi escritura ahora, en este instante efímero que por estar en este espacio, y siendo leído en este momento, quema.

Damián Lopatin

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